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Aprender
por medio de la Reflexión sobre la Acción
Muchas veces hacemos las cosas por mero hábito. Aun cuando nos “salen mal”,
a menudo seguimos haciendo las cosas de la misma forma. Simplemente
esperamos que nos salgan mejor la próxima vez. Aunque comentamos que “por
lo menos, aprendimos de la experiencia”, de hecho, si no reflexionamos sobre
lo que sucedió, tratando de identificar tanto lo que hicimos bien como los
aspectos que podríamos mejorar, es dudoso que aprendamos mucho.
Por eso, necesitamos aprender a reflexionar sobre nuestras experiencias
para que podamos aprender de ellas y gradualmente podamos desarrollar
mejores formas de actuar. Hacemos esto aplicando el "ciclo de aprendizaje"
con sus cuatro fases:
experiencia, reflexión, conceptualización y aplicación.

Reflexión sobre la Experiencia
Cuando deseamos aprender de la experiencia, comenzamos el ciclo de
aprendizaje, reflexionando sobre alguna experiencia que hemos
tenido, especialmente una que no nos ha dejado completamente satisfechos.
Según la experiencia, podemos tratar de ver tanto las ventajas como las
desventajas de actuar como lo hicimos, los factores que nos llevaron a
actuar de esa manera y las consecuencias de nuestras acciones, o simplemente
las fortalezas y debilidades que caracterizaron nuestro accionar.
También podemos considerar si la forma de actuar facilita el desarrollo de
nuestras capacidades y de las capacidades de los demás y si contribuye a
formar una sociedad justa y unida.
Además, podemos analizar si las acciones realizadas nos han llevado hacia
los fines que deseamos, y si han surgido problemas que quisiéramos tratar de
evitar la próxima vez que hagamos algo parecido.
Mejoramiento de la Comprensión y Práctica
Como resultado de la reflexión,
llegaremos a tener una mejor comprensión de nuestra forma de actuar y
podremos pensar en algunos cambios para que nuestras acciones den mejores
resultados.
Luego, necesitamos hacer una aplicación de estas nuevas ideas para
ver cómo resultan en la práctica.
Un Proceso Continuo
Después de una o varias experiencias con la nueva forma de actuar,
podemos reflexionar nuevamente para evaluar los resultados y decidir
si debemos hacer otros cambios.
Si desarrollamos el hábito de reflexionar sobre nuestras experiencias,
pronto nos daremos cuenta de que siempre estamos aprendiendo algo nuevo. Habremos
comenzado un proceso de aprendizaje continuo en base a nuestras propias
experiencias.
Ejercicio:
Escoge una experiencia con la cual no has quedado satisfecho con tu forma de
actuar o con los resultados alcanzados. Reflexiona sobre ella, tratando de
identificar.
1) Si
tu forma de actuar
contribuyó a tu desarrollo personal o al desarrollo de tu
organización, y cómo.
2) Los aspectos positivos de
tu forma de actuar
que quisieras
volver a hacer al
repetir
la actividad.
3) Los aspectos de
tu forma de actuar
que quisieras mejorar y cómo podrías hacerlo.
4) Lo más importante que aprendiste por medio de la experiencia.
Por supuesto, estos no son
los únicos puntos sobre los cuales puedes reflexionar. Estás libre
para definir los propios.
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"Juanita de
Hernández escribe libros,
fascículos y artículos relacionados con liderazgo moral, educación, desarrollo
sostenible, valores humanos y vida
familiar que son claros, prácticos y fáciles de entender.
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