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Amig@s,
Ante
todo, les pido disculpas por enviar este noticiero un día tarde. Durante la
última semana y media he estado viajando constantemente. Entre otras
actividades he visitado una finca orgánica, he dado un taller sobre la
“consulta” para un grupo universitario y he participado en varias reuniones
relacionadas con el Instituto Bahá’í en diferentes partes del país.
Mientras
estuve en Puka Puka para el taller con universitarios, me pidieron dar una
charla para la comunidad, inspirada en las enseñanzas bahá’ís. En la charla
mencioné la importancia de equilibrar el desarrollo material e intelectual
con el desarrollo espiritual. Luego, expliqué cómo los programas del
Instituto Bahá’í nos ayudan en nuestro propio desarrollo espiritual, a la
vez que nos capacitan para dar educación moral y espiritual a otros—niños,
adolescentes, jóvenes y adultos.
Al llegar el
tiempo para preguntas, alguien me pidió explicar qué hacía yo para lograr
este equilibrio en mi propia vida. Después de reflexionar algunos momentos
respondí, hablando de algunas prácticas que me son importantes. Pero como
me suele pasar, después de terminar, pensé en otras cosas que pude haber
dicho. Por eso, decidí compartir este tema con ustedes.
Saludos,
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Acerca de Juanita: Desde 1990 Juanita de Hernández ha
trabajado con la Universidad Núr en Santa Cruz, Bolivia, escribiendo libros
y fascículos para maestros, municipalidades y organizaciones de base,
caracterizados por explicaciones sencillas y prácticas que aportan al
desarrollo de capacidades y por una integración de las dimensiones
intelectuales y espirituales del ser humano.
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Cómo
Lograr un Equilibrio en la Vida
Entre las
personas que estamos comprometidos en trabajar para aportar a un mundo
mejor, hay cierta tendencia a “quemarnos”. Hay tanta necesidad y tantas
cosas importantes para hacer, que tendemos a sobre extendernos. Luego, nos
sentimos apresurados, a veces nos ponemos nerviosos, o de “mal carácter”, y
con el tiempo llegamos a agotarnos.
Oración Diaria
Por eso,
personalmente lo encuentro muy importante dedicar un tiempo significativo a
la oración cada mañana. Aunque oro para muchos diferentes procesos y
personas, especialmente para mis hijos y mis padres, mi súplica más
importante es de ser un canal puro para que Dios pueda usarme como un
instrumento de Su voluntad.
Aunque me he
esforzado durante varios años para desarrollar esta práctica de la oración
matutina, un punto que hizo el agrónomo en la finca que visitamos, me ayudó
a comprender mejor su importancia. El explicó que en una planta sana, el
crecimiento de la raíz debajo de la tierra es igual al crecimiento del tallo
y las hojas encima. En consecuencia, cuando la raíz no tiene espacio
suficiente para crecer, es difícil que la planta desarrolle bien. Tomando
esto como una analogía, me parece que nuestra capacidad de servir con amor y
de todo corazón es proporcional a la atención que prestamos a nuestra vida
interior.
Si servimos y
servimos sin dedicarnos lo suficiente a la oración y la meditación que nos
fortalece interiormente, con el tiempo llegamos a un punto en que ya no
podemos dar más. Es como sólo exhalar, sin inhalar; o como hacer mucho
ejercicio, sin tomar tiempo para alimentarnos.
Por eso, si
no sentimos ganas de servir, en vez de “obligarnos” a nosotros mismos a
hacerlo, tal vez debemos dedicar más tiempo a la oración, pidiendo a Dios
que nos guié al camino de servicio dónde Él desea que estemos. Haciéndolo,
seguramente nos iluminará el camino y nos nacerá el deseo de realizar un
servicio determinado con amor.
Fijar
Prioridades
Además de
orar, la otra práctica que me ha ayudado a equilibrar mi vida es:
determinar con claridad mis prioridades, y luego comprometer el tiempo
necesario para llevar a cabo estas prioridades. Esto es especialmente
importante en el caso de actividades voluntarias, como es el servicio en la
Fe Bahá’í.
Todos
trabajamos, tenemos familia, y a menudo estudiamos también. Estas
actividades pueden volverse tan absorbentes que sentimos que no nos queda
ningún momento para agregar otra actividad más. Es decir, si esperamos para
ver qué tiempo nos “sobra” para poder dedicarlo al servicio voluntario, nunca
habrá tiempo.
Al contrario,
si yo decido que una de mis prioridades es ser tutor de un círculo de
estudio bahá’í, el cual me exigirá aproximadamente 2 ½ horas por semana, y
luego me comprometo hacerlo, me veo obligada a organizar mis demás
actividades alrededor de este compromiso, y de alguna manera lo logro.
Hay una
dinámica que comunica claramente esta idea. En una bañera se pone arena,
luego grava, seguido por algunas piedras pequeñas, y encima de todo se trata
de colocar algunas piedras grandes. Pero estas piedras no caben encima de
todo.
Sin embargo, si se comienza colocando las piedras grandes, luego las
pequeñas, seguidas por la grava y el arena., éstas corren y llenan todos los
espacios pequeños que quedan entre las piedras, y se logra acomodar todo.
Las piedras
grandes simbolizan nuestras prioridades en la vida, mientras que la arena
simboliza las mil y una actividades pequeñas que llenan la vida diaria. Si
queremos tener tiempo para nuestras prioridades, simplemente tenemos que
ponerlas primero, y no dejarlas para “cuando tenemos tiempo”.
Escuchar al
Corazón
La tercera
práctica que me ayuda es más difícil de explicar. Trato de estar atenta a
lo que mi corazón, o mi ser interior, me dice. Por ejemplo, si alguien me propone hacer algo,
noto si siento entusiasmo o si mi reacción interior es negativa o
indiferente. También, a veces me pregunto: ¿A qué quiero dedicarme en este
momento? Escogiendo la actividad, según me la sugiere mi corazón, me
facilita dedicarme plenamente a ella. (Esto incluye darme cuenta a veces
que simplemente necesito descansar.)
Aunque cada
día hay muchas cosas que “hay que hacer”, aun el acto de escoger el orden de
las actividades, programando tiempo para incluir las más prioritarias, me
ayuda a entregarme con ganas y entusiasmo a lo que hago en cada momento.
Espero que
algunas de estas prácticas te puedan ser útiles a ti también en tu camino de
servicio.
Cita relacionado con el
tema:
"En la más elevada
oración, el hombre ora por amor a Dios, no por el temor a Él o al infierno,
o porque espere favores del cielo... Cuando el hombre se enamora de un ser
humano, le es imposible no mencionar el nombre del ser amado. Es mucho
más difícil dejar de mencionar el nombre de Dios cuando uno ha llegado a
amarlo." 'Abdu'l-Bahá
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Hernández escribe libros,
fascículos y artículos relacionados con liderazgo moral, educación, desarrollo
sostenible, valores humanos y vida
familiar que son claros, prácticos y fáciles de entender.
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“Si es tu
deseo, hazme crecer como una tierna hierba en los prados de tu gracia, para
que las suaves brisas de tu voluntad me conmuevan y me inclinen en
conformidad con tu agrado, de modo tal que mi movimiento y mi quietud sean
completamente dirigidos por Ti.” Baha'u'llah
"Yo te imploro ¡oh mi Señor! por
tu Nombre, cuyos resplandores han circundado la tierra y los cielos, que me
ayudes de modo tal que renuncie a mi voluntad por aquello que Tú has
decretado en tus Tablas y deje de hallar dentro de mí cualquier deseo,
excepto aquello que Tú deseas, por medio del poder de tu soberanía, y otra
voluntad salvo aquella que Tú has destinado para mí por tu voluntad."
Bahá'u'lláh
"¡Oh Tú, buen Dios! Tú eres para mí más amable que yo mismo
y tu amor es más abundante y antiguo. Siempre que me acuerdo de tus dones,
me siento feliz y con esperanzas. Si he estado agitado, consigo paz y
tranquilidad de alma y corazón. Si soy desleal, me vuelvo leal. Si he estado
sin esperanza, vuelvo a sentirla.
¡Oh Tú,
Señor del Reino! Haz que mi corazón se regocije, dale fuerzas a mi espíritu
débil y fortalece mis nervios desgarrados. Ilumina mis ojos, permite que mis
oídos oigan, para que pueda escuchar la música del reino y obtener la
alegría y la felicidad eterna. En verdad Tú eres el Generoso, el que todo lo
da y el Amable."
'Abdu'l-Bahá |